Patrimonio exiliado

Radiquero, junto con Bierge, Berbegal y Casbas de Huesca han sufrido la sinrazón de la guerra civil y los pocos escrúpulos de quienes hanvendido nuestro patrimonio cultural a compradores de comunidades vecinas o de ciudades tan lejanas como Toronto y Nebraska.

Iniciamos un recorrido que nos va a llevar a un pasado marcado por la desaparición y exilio de buena parte del patrimonio artístico de Radiquero.

Una huella imborrable

Las obras que han desaparecido u hoy están lejos del Alto Aragón sufrieron numerosos atropellos a finales del siglo XIX y principios del XX.
Tras este rápido repaso esperamos que se comprenda la actual situación de esa parte de nuestro patrimonio que todavía sigue en el exilio y que permanece vivo en la mente de muchos aragoneses y aragonesas que valoran su pasado y su cultura.

La mayor parte de estas obras pertenecieron a iglesias parroquiales de pueblos muy pequeños, en los que vivía una población que desconocía el verdadero valor de los objetos que guardaban. 

Muchos eran medievales y llegaron a considerarlos pasados de moda. Es por ello que los objetos más valiosos solían estar almacenados en sacristías o rincones de capillas. En esos años comenzaron a llegar por estas tierras coleccionistas, principalmente venidos de Cataluña, que sí conocían el verdadero valor de esas piezas. Consiguieron llevarse extraordinarias obras de arte sin encontrar apenas resistencia. Hoy la mayor parte de estas obras pueden admirarse en el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

También llegaron especialistas en arte e historia, enviados por museos recién inaugurados y que necesitaban completar sus fondos. Tenemos ejemplos muy claros, como el Museo Arqueológico Nacional e incluso el Museo del Prado (ambos en Madrid). Marchantes y coleccionistas también consiguieron piezas que luego eran subastadas en países extranjeros y más tarde adquiridas por museos tan importantes como el Museo Británico, el Metropólitan de Nueva York, la Galería Nacional de Londres, etc.

A finales del XIX, obispos como el de Lérida, se comprometieron a preservar del olvido y progresivo deterioro el patrimonio de sus diócesis. Es por ello que el actual Museo Diocesano y Comarcal de Lérida atesora numerosas obras procedentes de pueblos de la provincia de Huesca que pertenecieron a la diócesis leridana. Son éstas las obras más reclamadas por el Gobierno de Aragón, ya que las situadas en otros museos más alejados (Barcelona, Boston,…) pueden considerarse prácticamente irrecuperables.

Pero sin duda el episodio más dramático para nuestro patrimonio es el sufrido durante la Guerra Civil. Se destruyeron y quemaron muchos ornamentos de las iglesias. Sólo algunas piezas se salvaron, las más pequeñas, y algún monumento con todos sus tesoros, como fue la Colegiata de Alquézar.

El retablo de Casbas

Portada románica del Real Monasterio de Casbas,
datada sobre 1.200

Casbas es un pequeño pueblo situado en las faldas de la Sierra de Guara y aunque pertenece a la comarca de la Hoya de Huesca también forma parte de la Diócesis de Huesca, al igual que Radiquero. 

Hasta 1917 se guardó el retablo de Santa Úrsula, fecha en la que fue llevado a Barcelona y más tarde, en 1932, pasó a formar parte del Museo de Arte de Cataluña. Según Gudiol data de 1300 y es pintura al temple de huevo sobre tabla, atribuido al segundo maestro de Bierge, autor de los extraordinarios frescos que cubren los muros de San Fructuoso.

No se sabe con certeza cuándo y quién compró este retablo. Probablemente algún anticuario lo compraría para después venderlo al coleccionista barcelonés Plandiura, lo que explica el actual emplazamiento en el Museo de Arte de Cataluña. Pero gracias a este hecho, el retablo de Santa Úrsula, considerado como una de las obras más sobresaliente del arte medieval aragonés, pudo salvarse de la destrucción a la que se vieron sometidos el resto de objetos religiosos del monasterio durante la Guerra Civil. Daño irreparable del que sólo podemos disponer de algunas fotografías guardadas en archivos para poder reconstruir mentalmente el extraordinario conjunto artístico que atesoró este monasterio.

Los frescos de Bierge

En este caso afortunadamente no debemos hablar de destrucción pero sí de disgregación y emigración de buena parte de los frescos que decoraron la cabecera y los muros laterales de San Fructuoso.

La ermita de San Fructuoso se encuentra en el interior del casco urbano de Bierge. Es una construcción del siglo XII, de planta rectangular, cabecera plana y techumbre de madera apoyada sobre grandes arcos apuntados. 

Estuvo decorado su interior con pinturas al fresco de estilo lineal en las que se representaban escenas muy diversas: 

Frontal de la ermita. Los martirios de los santos Eulogio, Augurio y Fructuoso fueron pintados en la segunda mitad del siglo XIII por el llamado Primer Maestro de Bierge.
También se narra la vida de San Nicolás de Bari, pintada a finales del siglo XIII por el Segundo Maestro.  Esta es la única parte de las pinturas que hoy puede admirarse en su lugar de origen.
Foto: romanicoaragones.com

Leyenda de San Nicolás. Muro lateral. Museo Nacional de Arte de Cataluña. En él estaban pintadas varias escenas de la vida de San Nicolás, hoy custodiado en el Museo de Arte de Cataluña.
Foto: MNAC

San Juan y los dos discípulos del filósofo. Art Gallery of Ontario. Toronto (Canadá). En él podían admirarse las pinturas que representaban la vida de San Juan Evangelista.
Actualmente este conjunto se encuentra troceado y desperdigado por todo el mundo: en el Museo de Omaha, Museo de Toronto, en el Metropólitan de Nueva York, en el de Nebraska y en una colección privada y anónima de Barcelona. 

Todas estas pinturas fueron arrancadas entre los años 1949 – 50 para evitar su progresivo deterioro. A partir de este momento comenzó su dispersión. Las pinturas de la cabecera y dos ángeles con trompeta se expusieron en el Museo Diocesano de Huesca hasta 1994, cuando de nuevo fueron trasladadas a su lugar de origen. Las diez escenas del muro septentrional fueron vendidas al Museo de Arte de Cataluña en 1951 por 110.000 pesetas. Respecto a las pinturas del muro meridional fueron troceadas para ir a ocupar, en el mejor de los casos, alguna parte de las salas de museos estadounidenses y calalanas, ya que de otras partes se desconoce su paradero.

Por todo ello, podemos considerar el caso de Bierge como uno de los mayores atentados contra el patrimonio artístico altoaragonés en el siglo XX.

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