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Un domingo en Radiquero en los años 50-60

Por Antonio Sampietro Simeón. Primera hora de la mañana y ya sale humo por las chamineras do lugar. El amo o la dueña de la casa se han levantado pronto para iniciar la primera función del día: encender el fuego.

Primera hora de la mañana y ya sale humo por las chamineras do lugar.

El amo o la dueña de la casa se han levantado pronto para iniciar la primera función del día: encender el fuego. En o fogaril, en el suelo y alrededor de la cadiera. Un tizón gordo a cada lado para sujetar el fuego y en el centro para encender unos tarrancos finos de los fajos de la jarmentera con unos tizonetes delgados hasta que se hacía brasa. Se cocinaba con pucheros, cacerolas, perolas o la olla colgada de los cremallos al calor de las brasas. Casi nadie tenía cocinas económicas y mucho menos eléctricas y butano.

Mientras tanto el amo se echaba en ayunas una copeta de anís de Colungo con una galleta o vainilla. Decían que era para matar el gusanillo.

Después de recordar a los animales de la casa, caballerías, gallinas, conejos, tocinos venia el almuerzo para la familia. En ocasiones farinetas o judías que habían sobrado el día anterior.

Después venia el descanso porque el domingo era sagrado, normalmente no se trabajaba, se respetaba el tercer mandamiento de la Ley de Dios que dice “Santificarás las Fiestas” que unido al primero de los de la Iglesia conlleva el “Oír Misa entera todos los Domingos y Fiestas de guardar”. A mitad de la mañana se celebraba la Misa, se daban tres toques de campana espaciados, primero, segundo y al tercero ya empezaba la Misa. Acudía mucha gente y a la salida se alternaba con los vecinos en forma de animadas tertulias. Los mozos bajaban a la tienda de José Madonar o Mairal a echarse una “barracha” que es una mezcla de anís con moscatel acompañadas de olivas verdes que venían en unos barrales de boca ancha y las sacaban con un cazo de madera con agujeros. Mientras tanto las dos mairalesas si era primer domingo de mes, pasaban por las casas con una bandeja cada una y con un mazico de madera trucaban en las puertas diciendo “las mairalesas”. Recogían el dinero que la gente podía dar y se destinaba a la Iglesia. Las mairalesas se nombraban y cambiaban cada año el primer domingo de octubre más próximo a Nuestra Sra. Del Rosario.

Después venia el partido de pilota a mano en el frontón, pero como de esto ya se ha hecho un escrito muy completo no vamos a volver a lo mismo. VER ARTÍCULO

Terminado el partido cada uno a su casa a comer. Por la tarde los hombres más jóvenes seguían con los partidos de pilota y los mayores a jugar a las cartas al café de Pablo Sampietro, las mujeres en casa con sus faenas. También había rosario para el que quería ir. Las mozas algunas veces se iban de merienda al lavador de Cananella que era muy majo y grande. Es una pena que se perdiera, no sé por qué se tuvo que enronar ahora sería una joya de valor histórico, en casi todos los pueblos los han recuperado y conservado ya que son un recuerdo importante en la historia de los pueblos.

Al atardecer como todavía no había llegado el teléfono ni la televisión el entretenimiento estaba en la carretera, a esperar la llegada de los autos de línea. Allí acudíamos niños, jóvenes, mozos y mozas. Las mozas muy arregladas, guapísimas con sus mejores vestidos, entonces aun no llevaban pantalones. Paseaban cogidas del bracete unas con otras abarcando toda la anchura de la carretera, a veces hasta en dos filas, tan apenas pasaban coches. Los niños corriendo y jugando y los mozos alrededor de las mozas. Alguna pareja aparte cortejando porque a lo largo de aquellos años hubo sobre veinte bodas todas del mismo pueblo.

La llegada de los autos de línea era el acontecimiento de la tarde. Llegaba primero el Huesca-Arcusa y media hora después el Barbastro-Adahuesca. Se cruzaban en el puente de Colungo y allí los viajeros de la montaña procedentes de Barbastro hacían el transbordo. Se podía ir todos los días a Huesca y Barbastro, saliendo por la mañana y volviendo por la tarde, había un buen servicio.

Para terminar el día sesión de baile en el salón donde estaba la secretaría del ayuntamiento, ahora es el actual bar. La música la ponían con una guitarra y una bandurria Pablo Sampietro y Mairal. Posteriormente Manolo Gorgonio (padre) compró una gramola con discos de vinilo de la casa Regal y La voz de su Amo, este último el anagrama era un perro con un megáfono muy grande. Desde el comedor de su casa por el balcón bajaba un cable con altavoz y por la ventana del salón se colgaba en la pared interior. Se bailaba en pareja agarrados, no había llegado todavía el bailar sueltos. Manolo cobraba una módica cantidad, tenía que pagar los discos y la luz, solo pagaban los mozos, las mozas gratis.

Y así terminaba el día, el lunes a empezar la semana y a trabajar esperando con ilusión que llegara el siguiente Domingo para repetir más o menos lo mismo. Con todas esas cosas creo que éramos felices.

Mozas y mozos de Radiquero en las Fiestas Mayores. Años 50.

1 Comentario

  1. Paco Cónsul

    Excelente relato que emociona ver como se disfrutaba un festivo en las décadas de los 50-60, hay que ver lo que cundía.
    Felicidades Antonio Sampietro, cuida esa prodigiosa memoria que siempre tiene una historia que contar.

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