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persona que esté interesada en la cultura y los orígenes de su pueblo no puede quedar indiferente
cuando al visitar museos de lugares lejanos encuentra obras extraordinarias que fueron creadas para ser veneradas
en Bierge, Chía, Sigena, Berbegal, etc. Inevitablemente todos nos preguntaremos las causas y cómo
llegaron esas obras hasta el museo que visitamos. También es posible que nos pongamos tristes cuando descubramos
a algún visitante que comente algo parecido a esto: -"¿Y dónde estará ese pueblo?
No lo he oído nombrar nunca. Seguro que viven cuatro gatos.".- Entonces nos convenceremos de que esas
joyas artísticas se encuentran fuera de lugar que le corresponde.
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Frontal de Chía
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Las obras que hoy están lejos del Alto Aragón sufrieron numerosos atropellos a finales del siglo
XIX y principios del XX. La mayor parte de ellas pertenecieron a iglesias parroquiales de pueblos muy pequeños,
en los que vivía una población que desconocía el verdadero valor de los objetos que guardaban.
Muchos eran medievales y por el propio desconocimiento llegaron a considerarlos pasados de moda, pues apreciaban
mayormente sus otros retablos dorados de estilo barrocos. Es por ello que los objetos más valiosos solían
estar almacenados en sacristías o rincones de capillas. En esos años comenzaron a llegar por estas
tierras coleccionistas, principalmente venidos de Cataluña, que sí conocían el verdadero valor
de esas piezas. Consiguieron llevarse extraordinarias obras de arte sin encontrar apanas resistencia por parte
de los feligreses o el párroco. Hoy la mayor parte de estas obras pueden admirarse en el Museo Nacional de Arte
de Cataluña.
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Frontal de Berbegal
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También llegaron especialistas en arte e historia, enviados por museos recién inaugurados y que necesitaban
completar sus fondos. Tenemos ejemplos muy claros, como el Museo Arqueológico Nacional e incluso el Museo
del Prado (ambos en Madrid). Ciertas obras llegaron a ser requisadas oficialmente cuando los lugareños se
resistían a desprenderse de esos objetos. Marchantes y coleccionistas también consiguieron piezas
que luego eran subastadas en países extranjeros y más tarde adquiridas por museos tan importantes
como el Museo Británico, el Metropólitan de Nueva York, la Galería Nacional de Londres, etc.
A finales del XIX, obispos como el de Lérida, se comprometieron a preservar del olvido y progresivo deterioro
el patrimonio de sus diócesis. Es por ello que el actual Museo Diocesano y Comarcal
de Lérida atesora numerosas
obras procedentes de pueblos de la provincia de Huesca que pertenecieron a la diócesis leridana.
Son éstas las obras más reclamadas por el Gobierno de Aragón, ya que las situadas en otros
museos más alejados (Barcelona, Boston,...) pueden considerarse prácticamente irrecuperables.
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Frontal de Buira
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Pero sin duda el episodio más dramático para nuestro patrimonio es el sufrido durante la Guerra Civil
del 36. Cuadrillas de milicianos venidos principalmente de Cataluña recorrieron los pueblos de diferentes
comarcas, como el Somontano, Sobrarbe o Ribagorza, para conseguir la "liberación". Con un profundo
odio hacia todo lo religioso consiguieron movilizar a muchas gentes para que destruyeran y quemaran todos los ornamentos
de las iglesias. Sólo algunas piezas se salvaron, las más pequeñas, y algún monumento
con todos sus tesoros, como fue la Colegiata de Alquézar.
Por fortuna también se salvaron los objetos que anteriormente se llevaron coleccionistas y marchantes y
que si no hubiera ocurrido así la mayor parte de ellos hubieran sido pasto de las llamas. Es por ello que
debemos agradecer al pueblo catalán y otros, el esfuerzo que han realizado al guardar esas piezas durante
las últimas décadas, pero tal vez ha llegado el momento para que ellos entiendan que los tiempos
han cambiado y que es el momento de devolver parte de todo ese patrimonio, que aunque es de todos, merece ser custodiado
y disfrutado por los todos los altoaragoneses.
Tras este rápido repaso esperamos que se comprenda un poco mejor la actual situación de esa parte
de nuestro patrimonio que todavía sigue en el exilio y que permanece vivo en la mente de muchos aragoneses
y aragonesas que valoran su pasado y su cultura. |