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La
luz invade ya mi habitación a través de la ventana.
Miro el reloj. Son las 8. Me levanto de un salto y veo una
mañana preciosa de febrero. Me visto deprisa, me lavo
la cara y salgo de casa. Es hora de despertar los sentidos.
SI,
la naturaleza ya ha despertado de su letargo invernal en estas
alegres tierras del Somontano y son los almendros los primeros
en anunciar la llegada de la tan esperada PRIMAVERA. Esta
semana se han abierto las primeras flores, lo que quiere decir
que en los próximos días vamos a poder contemplar
uno de los más bellos regalos que nos puede ofrecer
la naturaleza. Es como si el campo se vistiera de fiesta con
un inmaculado y fragante manto blanco tejido con millones
de flores blancas.
Un
viento fresco llega a mi cara y me anima a caminar. El sol
me llama cálidamente y mis pasos se dirigen hacia él
a través de un camino entre olivos centenarios. Sus
sombras son todavía alargadas, pero los rayos de sol
logran alcanzar una tierra fresca y verde.
Un
viejo y grueso tronco me invita a que me siente. Cierro los
ojos y hago silencio en mi interior. No estoy sola, multitud
de pajarillos cantan muy próximos a mí. Abro
los ojos, los busco y no logro verlos, pero descubro unas
violetas silvestres que crecen junto a mis pies. Sólo
me atrevo a coger una entre mis dedos, pues es frágil
y delicada. La huelo y una fragancia profunda me recorre por
dentro. Es la maravilla de lo pequeño y sencillo.

Siento
una nueva ráfaga de viento y sé que ya está
aquí. Trae un olor algo dulzón y familiar que
me recuerda mi infancia. Son esos almendros decididos a florecer
ante la impaciencia de cientos de abejas que se dejan guiar
por ese aroma que promete una miel exquisita.
SI,
ha llegado la PRIMAVERA llena de vida, luz y color. Solamente
hace falta acercarse a ella, vivirla y sentirla recorriendo
estos bellos caminos del Somontano
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