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Radiquero, al igual que en el resto de pueblos del Somontano, ha sufrido y sigue
padeciendo las consecuencias de la destrucción de su patrimonio arquitectónico rural.
Radiquero cuenta con un interesante conjunto urbano, resultando muy agradable pasear por sus estrechas calles,
por sus plazoletas y bajo sus numerosos porches. Pero cualquiera visitante que quiera conocerlo, se dará
cuenta de que muy pocas son las construcciones que han sabido respetar su fisonomía original.
En la mayor parte de los casos se han cometido daños irreparables en las construcciones existentes, ya que
se han mutilado los materiales propios de la casa para sustituirlos por otros nuevos. Solamente con un gran empeño
y un mínimo de conciencia e interés, podrán los futuros propietarios recuperar parte de todo
aquello destruido, siempre y cuando sea posible. Decimos
que esas mejoras tal vez ocurran en el futuro, pero no en el presente, porque en la mayor parte de los casos siguen
imperando gustos y modas que para nada pretenden respetar la tradición constructiva.
Lamentablemente no existe una
conciencia ni una cultura entre sus gentes para que sepan discernir lo que es correcto y lo que no debería
admitirse. Nadie recibe un asesoramiento profesional, excepto el que aportan los propios albañiles, pero
no debemos olvidar que ellos
suelen ser los primeros que desconocen los fundamentos mínimos para poder intervenir correctamente en una
casa del lugar, que requeriría de un trato especial.
Ya son cotidianos en nuestros pueblos las canaletas de PVC, los fibrocementos para las cubiertas, las terrazas,
los extravagantes y fuera de lugar tejados de pizarra, etc., y ante todo el cemento que cubre sin piedad extraordinarias
fachadas de tapial, adobas de tierra o ladrillo aragonés. Como la tierra es un material de construcción
asociado siempre a pobreza, casi nunca
se tiene en cuenta su estado de conservación. Aunque sea excelente y mantenga toda su robustez, el propio
desconocimiento le condenará a su destrucción y sustitución.
No debemos olvidar en esta lista de desatinos los estrepitosos trabajos de muchos técnicos de
teléfonos y eléctricas, que sí saben empalmar y colocar contadores, pero que para nada se
molestan en respetar bellas fachadas, portadas, escudos, conjuntos urbanos, etc.
Esperemos que poco a poco vaya cambiando esta situación que afecta gravemente a nuestra arquitectura popular
como si de una enfermedad se tratara. Es prioritaria la formación que debe darse a los albañiles
o responsables de las obras, también a muchos arquitectos y aparejadores de la zona, y tratar de cambiar
la mentalidad de los propietarios de las casas. Sólo así se logrará que Radiquero y todo el
Somontano comiencen a valorar el legado arquitectónico
que ha llegado hasta nosotros, basado en la piedra, tierra y madera, y que no es para nada sinónimo de pobreza.
Por el contrario, tenemos la suerte de que nuestras casas no se parecen a vecinos edificios ya remodelados y que
siguieron gustos urbanitas.

Por último hago un llamamiento a las instituciones
públicas, ya sean ayuntamientos, mancomunidades o diputaciones, para que colaboren económicamente
en la labor de recuperar ¡correctamente! la vivienda rural, mediante subvenciones, así como en la
formación de los constructores que trabajan en la zona. No debemos olvidar que este patrimonio arquitectónico
debería de gozar de una mayor protección al igual que se hace en otros monumentos religiosos, civiles
o militares.
Radiquero, Adahuesca, Huerta de Vero, Alquézar, ... son bellos conjuntos urbanos que todavía conservan
parte de la belleza de antaño, fruto de la sabiduría y el esfuerzo de nuestros antepasados. No dejemos
que se sigan maltratando. Es hora de que todos hagamos un esfuerzo por mejorar y respetar nuestro legado cultural
único e irrepetible.
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