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Los
rigores del invierno no han impedido a las gentes del territorio
aragonés la celebración de numerosas fiestas
en honor a diversos santos, siendo muchas veces el resultado
de la cristianización de anteriores ritos paganos.
Son numerosos los pueblos que guardan una gran devoción
a los "Santos Barbudos": San Antón, San Vicente
y los santos Fabián y Sebastián. En Febrero
continúan las celebraciones con La Candelera, San Blas,
Santa Águeda y San Valentín.
Por el momento vamos a hablar de la fiesta en honor a San
Fabián (Papa) y San Sebastián (soldado). Sus
imágenes aparecen en múltiples retablos y lienzos
de iglesias aragonesas fruto de la predilección de
sus gentes hacia ellos. Un ejemplo lo encontramos en Radiquero,
ya que tiene una ermita dedicada a estos dos santos y a ella
se acude en romería cada 20 de Enero. Allí se
celebra la misa frente al altar, presidido por las dos imágenes
situadas en el mismo lugar en que se encontraba el retablo
gótico
realizado por Pedro García de Benabarre. También
se les canta con gran devoción su himno. Al salir se
hace una hoguera, junto a la cual se reúnen los presentes
a comer torta bendecida y beber buen vino. Seguidamente cada
uno regresa a su casa para comer.
La fiesta continúa por la tarde encendiendo en primer
lugar una gran hoguera en la plaza, pasando a convertirse
en parte esencial de la celebración. En torno a ella
los niños juegan y los mayores se reúnen buscando
ese calor tan deseado en estas frías noches invernales.
Tal vez sea fruto de un recuerdo colectivo y de origen ancestral
nacido entre las gentes que poblaron estas tierras desde tiempos
inmemoriales, siendo el fuego la esencia de ritos purificadores
ya olvidados.
Mientras tanto otras personas se encargan de preparar todo
lo necesario para la gran cena a la que asiste la gran mayoría
de los habitantes del pueblo. Y es que todavía queda
una larga noche por delante, con risas, jotas, baile y sobre
todo buena compañía.
La descripción de Pedro Arnal Cavero
"San fabián y San Sebastián el 20
de enero. Los mozos pondrán una gran troncada en la
plaza; tal vez hayan entrado bien en el Código para
amontonar, durante la noche, tanto combustible. Echarán
una botella de petróleo en los troncos enormes de noguera,
de almendrera o de olivera centenaria y dispararán,
a bocajarro, unos trabucazos para que los tacos encendidos
inicien la gran hoguera entre las primeras horas del día,
en plena noche. Y en todas las calles habrá hogueras
desde que salga el sol hasta que sea otra vez de noche y recojan
as brasadas pa fer a lifara en as casas que les toque el turno.
Antes
de misa mayor habrá procesión. Los mozos, que
no han dormido en toda la noche afanados en lo de la hoguera
de la plaza, llevarán a peaina de San Fabián
y San Sebastián y la escoltarán. Cuando la procesión
pase, los vecinos avivarán el fuego de las hogueras
hasta el punto de que en alguna calle sea preciso esperar
a que las llamas no sean irreverentes con las andas y con
los santos. Y estos buenos montañeses no saben nada,
ni lo necesitan saber, de Osiris, ni de las fiestas de los
egipcios en el solsticio de verano, ni del paso aparnete del
Sol por el trópico de Cáncer.
¡Qué brendas, qué lifaras hay en todas
las calles! El día de San Fabián es el único
del año en que también las mujeres de cada calle
cenan con los hombres, cantan, bailan, beben, rajan y barafundean.
ENLACES
RELACIONADOS
Retablo
de San Fabián y San Sebastián
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