En Radiquero hemos tenido duendes. Ya han dejado este lugar, o al menos eso pensamos. Hubo una casa que a eso de las 2 de la madrugada, todas las noches se oían unos ruidos a intervalos iguales y contínuos. Todo el mundo estaba intrigado y atemorizado, hasta el día en que se encontró su explicación racional. Se trataban de los bueyes que estaban en la casa, que después de haberse comido la "pajada" se rascaban la cabeza en el "trancazo" donde estaban atados, y esto repercutía en toda la casa. Siempre se ha dicho que las tormentas las traían las brujas, que volaban delante de los nubarrones. En Radiquero cuando venían tormentas con mucho ruido, con riesgo de pedrisco, se hacían cruces en el aire con las hoces. También se bandeaban las campanas. El diablo en Las Almunias Un hombre pobre de recursos y que solía recorrer el monte en busca de alimento, salió una noche de luna llena, escopeta al hombro a ver si cazaba algo. Por los aledaños del Tozal de Asba saltó ante él una descomunal liebre. Con gran diligencia echó su arma al hombro y cuando se disponía a disparar el dedo se le quedó agarratado en el gatillo, a la vez que la liebre se transfromaba, con gran espanto en un descomunal macho cabrío. Presa del pánico retornó al pueblo de Las Almunias donde debió ser sangrado para que volviera a su lucidez habitual. Bruja maltrecha En una localidad del Somontano vivía un matrimonio sin hijos y frecuentemente en horas en que el amo estaba trabajando fuera, permaneciendo sola la mujer, con puntualidad al sentarse ésta en una silla para realizar labores de media, aparecía por la escalera un gran gato negro mirando fíjamente a la dueña con ojos de afilado y penetrante brillo. Le causaba tal terror que corría hacia la escalera huyendo de la casa a toda velocidad. Un día decidió contárselo a su marido. -No te preocupes-le dijo-.¡ Ya me encargo yo de que no ocurra más! A la hora acostumbrada de las tareas de su mujer, el hombre se disfrazó con sayas y toca negra, y simulando hacer calceta se sentó en la silla de anea, actuando como si verdaderamente fuese el ama de casa. Antes, por lo que pudiera pasar, dejó un recio bastón escondido junto al asiento. Tal como había previsto el gato no tardó en presentarse. Realmente la mirada del animal era terrible y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. -Acércate, acércate y verás -pensaba para sí-. Pero el gato, que tampoco era tonto, reconociéndolo hablo así: -¿Barbas y filas? Como si nada hubiera oído siguió el labrador con su tarea, mientras de reojo iba observando cómo se acercaba el michino con evidentes precauciones. -¿Barbas y filas? -preguntó de nuevo el gato-. -Ya está a tiro de garrote -pensó-. Y actuando con enorme rapidez le soltó un bastonazo que dejó el lomo del animal medio hundido. -¡Dame otro, dame otro...!-gimió el gato-. -Nada de eso. Si te pego otra vez no sentirás dolor y tampoco me darás tiempo a que te pegue tres golpes, pues al segundo saldrás en carrera. Sé perfectamente que a las brujas sólo les producen efectos los golpes impares. Tullido y renqueante el animal trotó escaleras abajo. Al día siguiente la vieja de casa Tejedor llevaba toda la espalda amoratada y uno de los brazos roto. |
|
La
circunstancia histórica | Zona de aquelarres | Dominica la Coja
| Leyendas | Prevenciones |